Algunos platillos de la carta no llegan completamente terminados. Llegan con todos sus elementos por separado, esperando a que cada quien decida cómo combinarlos. Aprender a aprovechar eso cambia por completo la experiencia.
El platillo que más invita a construir
El New York Asadito a la Piedra, con aceite de hierbas, salsa verde tatemada, salsa de tomate martajada, aguacate, cebollas y tortillas de maíz criollo hechas a mano, es el ejemplo perfecto: cada ingrediente está pensado para combinarse a gusto propio.
El orden que suele funcionar mejor
Empezar con la tortilla, agregar un poco de carne, luego el aguacate para dar cremosidad, y finalmente la salsa elegida —verde tatemada para algo más suave, tomate martajada para más acidez— suele dar el mejor resultado, aunque no existe una única forma correcta de hacerlo.
No tengas miedo de mezclar
Muchos comensales cometen el error de usar solo una salsa por taco. Combinar ambas, en proporciones distintas según el bocado, permite explorar sabores diferentes sin necesidad de pedir más ingredientes.
Otros platillos que se prestan para lo mismo
La Gringa de Arrachera Adobada y el Rib Eye con Queso, aunque llegan ya armados, también admiten ajustes: un poco más de salsa aquí, algo de guacamole extra allá, según lo que cada quien prefiera en ese momento.
El taco como experiencia personal
Al final, parte de la magia de estos platillos está en que dos personas, sentadas en la misma mesa, con los mismos ingredientes enfrente, pueden terminar armando tacos completamente distintos. Ninguno estará mal hecho.