No todos los platillos necesitan fuego para dejar huella. Algunos, como los mariscos crudos, dependen exactamente de lo contrario: frescura, precisión y nada que distraiga del sabor original.
Una torre que combina dulce y salado
La Torre de Salmón y Atún con Mango, con pepino, aguacate, cebolla, salsa zarandeada y aderezo de aguacate-chipotle, construye capas de sabor que van del dulce del mango al picor suave del chipotle, sin que ningún elemento se imponga sobre el resto.
La clásica que nunca pasa de moda
Los Ostiones Clamato, frescos, con salsa clamato, limón y carne seca, son un homenaje directo a la tradición costera mexicana: simple, salado, con ese toque ácido que despierta el apetito antes del plato fuerte.
Cuando el picor se suma a la frescura
Para quienes buscan algo más intenso, el Aguachile Verde de Camarón, con jugo de limón, cebolla cambray y chile serrano, no da rodeos: ácido, picante, directo.
Una mesa que respeta el producto
Estos platillos no buscan transformar el ingrediente. Buscan respetarlo. Y en eso, precisamente, está su mayor mérito.