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El corte que se pide para impresionar, y el que se pide para consentirse

No todos los cortes cumplen la misma función en la mesa. Algunos están pensados para causar impacto frente a los demás; otros, simplemente, para que uno mismo se sienta bien atendido.

El corte que se pide para impresionar

El Gran Rib Eye “El Sancho”, de 1 kilo, flameado con Tequila Tequileño, es de esos platillos que se piden pensando también en el efecto que va a causar en la mesa: el tamaño, el flameado, la forma en que se sirve. Es difícil que pase desapercibido.

El corte que se pide solo para uno mismo

El Rib Eye con Tuétano, salteado con cebolla, pimiento morrón y champiñones, en cambio, es más un platillo de consentimiento personal. No busca generar reacciones en la mesa; busca, simplemente, satisfacer un antojo específico.

Cuando ambos objetivos se cruzan

La Caña de Filete, flameada con mezcal Unión®, logra algo interesante: combina el factor sorpresa de un buen flameado con la sensación de indulgencia personal que ofrecen sus ingredientes, como la mantequilla de chicatana y la salsa de chapulines.

Cómo saber cuál te corresponde hoy

Si la comida es una celebración con más personas presentes, los cortes pensados para impresionar tienen más sentido. Si la comida es más personal, sin necesidad de causar ningún efecto en nadie más, los cortes de consentimiento propio son la mejor elección.

No hace falta elegir siempre lo mismo

Ninguna de las dos categorías es mejor que la otra. Simplemente responden a necesidades distintas, y parte del gusto de conocer bien una carta está en saber, según la ocasión, cuál de las dos se ajusta mejor a lo que se busca ese día.

 

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